Buenas intenciones y malas ideas o, porque una mascota nunca puede ser un regalo de navidad

25 diciembre 2019

La compra masiva para fechas como  la que se avecina, desemboca en un problema social a gran escala, especialmente en un país como el nuestro, donde tenemos uno de los índices más altos de abandono del mundo occidental. Por ello creemos que se trata de algo más que un punto de vista.

Por poner un ejemplo os hablaré de Crazy, una perrita de radio ancho. Denomino así a los perros que tienen necesidad de aventuras más allá de los muros que les intentan contener, vayan acompañados de humanos o no.

Como educadora canina, fui a visitarla hasta a tres familias distintas para reencontrarla finalmente en el interior de la jaula en una protectora. En los tres casos, prefirieron  devolverla antes que afrontar las necesidades del animal. En el primer caso fue un regalo, los dos siguientes sendas adopciones fallidas. 

Quiero pensar que por una mala previsión del tiempo y la energía disponibles para la convivencia con ella. Y para nada es una crítica, o en todo caso,  si lo es nos concierne a todos.

Si algo he aprendido en los años de convivencia animal es que en realidad nos puede pasar a todos. Convivir con una mascota tiene pros y contras que hay que sopesar con la perspectiva suficiente para poder ser realistas y honestos con nosotros mismos.

Por muy atractiva que sea la imagen de un sofá en invierno con un gatito en la falda mientras vemos una peli, o la  que no podemos quedarnos sólo con lo bueno y, sin ninguna duda te digo que, comprar no te va a garantizar una convivencia idílica.

Algunas cuestiones:

Un perro vive una media de 12 años, Xiri, el perro a lomos del cual aprendí a caminar llegó a los 18. Un gato tiene una vida media de 17 años, Epi que era el de mi abuela, llegó a los 23. Una tortuga terrestre puede llegar fácilmente a los 100 y se esconde todos los inviernos.

-Mucho más que una cantidad de  espacio determinado, un perro necesita de tu tiempo. Son animales sociales y requieren de relacionarse con otros de su especie, conocer su entorno y cohabitar contigo. No son solo tres paseos y dos comidas al día… Y se le llama tiempo de calidad.

El gato tarda poco más de un año en ser adulto, el perro unos dos años, en algunos casos algo más. La experiencia de más de 10 años me dice que exigirles que crezcan antes de tiempo sin respetar las etapas de crecimiento, fácilmente acaba trayendo conflictos en casa o en el paseo.

Sólo en antiparasitarios y vacunas, se invierten unos 100€ al año por animal como mínimo, los cachorros y viejetes aún más. Contando que sean super sanos.

Cada saco de un pienso de gama y tamaño medios  ronda los 50€ y te da para alimentar a un perro durante unos 20 días, calcula tu misma al cabo del año… Si lo que quieres es darle una alimentación natural, por ejemplo tipo BARF, vas a tener que invertir también tiempo para ello, por lo menos media hora de tu día.

Un cachorro, sea de la especie que sea, va a demandar mucha más actividad física que un animal ya adulto. Y, como cuando un niño llega a casa, va a necesitar una buena temporada de paciencia y de espacios a prueba de cachorros.

La persona a la que le vas a regalar ese animal ¿está dispuesta a asumir ese tiempo, esa energía y ese dinero? ¿Dispone de ellos? ¿Tiene conocimiento de todas estas cuestiones?

La tentación de ver la cara de alguien, especialmente los niños, que abre una caja y se encuentra una adorable bolita de pelo es enorme, lo sé. Pero si realmente amas a esa persona y lo que quieres es su felicidad a largo plazo; tienes la obligación de, como mínimo sopesarlas. Y nosotras la de recordártelas, si es necesario, una y otra vez.

Una mascota no es ni juguete, ni un deportista, ni una niñera, ni un vigilante de seguridad, ni un peluche… 

Aunque den la talla y puedan disfrutar de cada uno de los roles que llegamos a pedirles, van a necesitar ser lo que son. Y  amarlos significa respetar lo que son, seres vivos. Para nosotras es imprescindible tener la paciencia suficiente para dejar que se equivoquen sin ser devueltos como un electrodoméstico que no funciona correctamente.

Te pido por favor que no mal interpretes ninguna de las palabras que aquí expongo. Crecer con un animal en casa es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, y cada uno de los que han ido llegando a mi vida me ha enseñado a ser mejor persona, con el mundo y  para el siguiente. Justamente por eso, mi compromiso con todos ellos es la divulgación de una manera mejor de hacer las cosas con ellos y tú, que estás leyendo esto, eres mi mejor aliado.

Si una vez sopesadas todas estas cuestiones crees que convivir con un animal mejorará la vida de ambos, adelante. Te recomendamos visitar una protectora o santuario, pasearte un rato, conocer algunos de los animales, dejarte guiar por tu intuición. Y si tienes dudas, hablar con los cuidadores, ellos pasan horas con esos animales y en última instancia van a poder aconsejarte el que se adaptará mejor a tu vida. 

Elige un buen momento, en el que tengas tiempo y ganas de marcar unas rutinas claras que puedan extenderse en el tiempo, tal vez la Navidad no sea la mejor época… Y elige  siempre un centro o santuario responsable, que hagan seguimiento del animal y formalice la adopción con un contrato.

Un buen regalo, sin poner la vida de nadie en compromiso, es abonar por anticipado una cuota de adopción, y si finalmente la persona decide no adoptar, habrás contribuido a que la protectora tenga algún recurso más.

Por último decirte que, nunca hemos sido partidarias de la compra, pero podemos entender que en ocasiones determinadas, lo prefieras. Si es tu caso, obvia siempre los criadores de patio de atrás. Un buen criador, dispone de afijo, de núcleo zoológico y de instalaciones que vas a poder visitar para ver la calidad de vida y la salud de los animales que allí viven. Asegúrate también, que los cachorros, vivan juntos por lo menos con la madre hasta los 3 meses en que naturalmente termina el destete.

Si de algo estamos completamente convencidas las componentes de este proyecto y nuestro entorno más directo es que un animal que vive en casa merece ser un habitante con pleno derecho.

Que sin duda significa que se respetaran sus necesidades específicas y naturales. Que  a su vez, se le pedirá que respete ciertos límites de convivencia, como a ti y como a mi. Y que además, como es una elección ajena a la mascota, vamos a ser las responsables de su educación y de su bienestar. 

Y, por lo tanto, no cabe en nuestro vocabulario regalarlo, encajarlo, enviarlo y mucho menos venderlo o comprarlo.

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